EL TRUCO DE LA COCA.
_ Mira tío, es muy fácil. Estás en el bar, hablando con una chica. Le cuentas algo lo que sea y sabes que a casi todo el mundo le va el rollo, ¿no?. Pues se lo dices: oye, mira, aquí tengo un poco de coca, ¿vamos al aseo? Ella te dice que sí, y ya la tienes. Entras al aseo con ella. Te quedas mirándola. Mira cariño, era mentira, no tengo coca, sólo quería quedarme contigo a solas para decirte que te quiero. Y la besas. Y ella se deja, se dejan siempre, no pueden decirte que no ¿entiendes?
Entonces estaba yo en el bar El Loco pasando la tarde. El bar estaba casi vacío y la tarde también estaba casi vacía. La música suena ahí como si estuvieran destripando una furgoneta, imposible dejarse llevar por ninguna melodía. Tienes que soñar con otras cosas, concentrarte en algo y cerca había una chica, también sola, bebiéndose una fanta o algo así y estaba jugando a pellizcar una servilleta. Me acordé del truco de la coca que me había contado mi amigo.
Hola, ¿quieres tomarte otra fanta? Te invito.
Vale, pero con Vozka.
A veces es aburrido estar solo, ¿verdad?
Sí. ¿tú esperas a alguien?
No. Estoy pasando la tarde.
Era morena, un poco gorda, de suaves ojos marrones y parecía aburrida y poco relajada. Nos quedamos callados, incómodos. Tenía que decir algo o largarme:
Pareces cansada por algo, vamos a celebrarlo. Dos chupitos de tequila, Andrés. Sabes, una vez leí un cuento de Bukowski. Se llama Melzimer o algo así. Es un nombre mágico que sirve para volar. Un viejo en un bar le enseña a volar diciendo ese nombre mágico, Melzimer, y así es como pasa: cuando la policía los va a detener el viejo y él pronuncian Melzimer y salen volando, FIUUU. Si quieres lo intentamos y subimos a la torre de la Iglesia de Santiago. Allí el cura tiene un sofá rojo, no sé para qué lo utilizará, pero lo podemos subir al balcón de la torre y sentarnos a ver los tejados y el cielo.
El Vozka y el tequila le estaban entrando bien, algo se desataba en ella, estaba más relajada y los ojos le brillaban con un poco de alegría. Pero aún seguía jugando al tú habla-que-habla y después ya veremos.
¿Qué, lo intentamos o no? Allí arriba se está mucho mejor que aquí. Y además podemos llevarnos la bebida. Mira, voy a pedir algo de repuesto. Otra cerveza y otro Vozka, en vaso de plástico que nos lo llevamos.
Bueno, vale. Vamos a intentarlo.
Primero dime cómo te llamas.
Juana. ¿Y tú?
Yo, Juan.
Je, je. Qué casualidad.
Bueno, vamos allá. Creo que tienes que concentrarte, pensar en algo malo, algo malo que te haya pasado para poder liberarte de eso al volar. Luego dices: melzimer, melzimer, hasta que te eleves.
Ya lo tengo. ¿pueden ser más una cosa?
Mejor una, pero no pasará nada.
Vale, me quedo con dos.
Bien, vamos allá.
Mi reina me dio la mano, una mano pequeña y cálida. Nos quedamos en silencio un buen rato, mirando nuestras bebidas, yo sentía su corazón palpitar entre el humo del bar como un pájaro nervioso. Entonces oí su voz temblorosa:
Meelzimer…
MELZIMER, dije yo también.
Meleeeeezimer
MELZIMER
Meelzimér
CIERRA LOS OJOS, TESORO
Melezimer
MELZIMER
Melelzimer
VAMOS A DESPEGAR CARIÑO. TRES
Dos
UNO, ALLÁ VAMOS
Juan, ¿estamos volando ya?
CREO QUE NO.
¿seguro?
MELZIMER
melimer.
MELZIMER.
Esto no se mueve
NO, ALGO FALLA. MELZIMER.
Melzimé, melzimé melzimé…
ANDRÉS, OTROS DOS CHUPITOS
Brindamos por la luna. Estabamos atrapados bajo la gran luna pero sus ojos brillaban alegremente y nos queríamos, nos amábamos y eso nos salvaba un poco de todas las tristezas.
Bueno, ahora que estamos aquí y nos podemos ir mucho más lejos, por qué no me cuentas algo? Yo me he cansado de decir tonterías.
¿Algo lo que sea?
Lo que sea.
Mi marido es un hijo puta.
¿Cómo? (el brillo se había esfumado y en el fondo de su pupila centelleaba el filo de una navaja)
Es un hijoputa
Ya, bueno.
Se está tirando a mi hermana. Mi hermana es otra hija de puta.
Joder.
Y tengo dos hijos. Uno de cuatro y otro de ocho.
MELZIMER.
¿Qué?
Nada sigue
Los muy cabrones llevan así un año. Y nos íbamos a cenar todos juntos como si nada…
Era demasiado. Miles de cosas empezaron a flotar delante de sus ojos, cosas penosas y dolorosas y contradictorias, demasiadas cosas para sus ojos marrones. Vi cómo su mente se tambaleaba, el alcohol la había subido y ahora la bajaba a toda leche y yo no podía hacer nada. Se le torció la boca, empezó a reirse como una loca.
Oh oh oh, no es nada estoy bien, estoy muy bien, me encuentro mucho mejor sabes? Mucho mejor todo está bien, eres muy guapo, me ha gustado mucho viajar contigo, oh oh, está bien, ahora te invito yo, lo mismo lo mismo, por favor, jijijijijjijijijijiji.
Me contó que tenía un perro cuando era pequeña. Un pastor alemán muy viejo que se dejaba montar como un caballo. Ella lo trataba como un caballo y se iba por el salón de su casa imaginando que el salón era el desierto de las películas. Ella era el vaquero, el llanero solitario y su padre un indio borracho y malo al que tenía que matar o algo así. Le tiraba flechas de goma y el indio se las quitaba de encima como si fueran moscas. Era un indio invencible, un dios.
¿ y el caballo? (mi reina estaba recuperando de nuevo el equilibrio, la mirada en su sitio rodeada de cosas reales, la sonrisa tranquila)
Oh, el caballo murió o algo así. Quiero decir, el indio lo raptó y se lo llevó a su campamento.
Ajá.
Nunca lo descubrí. Nunca supe donde lo tenía escondido. Ahora debe de haber muerto… jijijijijijijiijiijiiji Pero cómo es tan hijoputa de follarse a mi hermana.!!!!!!!!!!!! Oh estoy bien, estoy bien, de verdad, eres muy guapo.
Otra vez volvían los monstruos a desfigurar su cara.
Mira cariño, yo también me lo estoy pasando bien. Trata de centrarte en esto, estamos aquí y no nos conocemos, mira los árboles y todo eso.
No hay árboles
Bueno es una forma de hablar
Dos niños sabes, pero estoy bien, de verdad, bien bien bien, ya está, ya está…
¿Quieres bailar conmigo?
¿ya no volamos?
Vamos a bailar.
Nos pusimos a bailar. Los dos lo hacíamos bastante mal pero era casi más divertido que hacerlo bastante bien. Íbamos de un lado a otro, tropezándos, abrazándonos. Se reía…
Sabes, Juana? Tengo aquí un poco de coca que me sobró de una fiesta… no sé, si te apetece…
Paro de bailar. El diablo iluminó sus ojos
¿Tienes coca? Oh, bueno, claro, joder, claro, esto me hará olvidar todo…
Ahora estaba mucho más contenta….estaba histérica, parecía que había llegado el hombre de los helados al desierto y empecé a sentirme culpable mientras me dirigía al aseo porque su alegría histérica y la manera de subirse los mocos me decían que no había nada en el mundo que le hiciera más ilusión…
Oh, Juan, vamos al de las chicas, está más limpio y es más grande, además tiene una cosa que sirve de bandeja.
Vale.
Entramos. Enciendo la luz. El aire llevaba ahí varios días encerrados y aún olía a lejía. Me quedo mirándola, en silencio. Me escocían los ojos.
¿Bueno qué?
Sigo mirándola.
¿vas a mirarme toda la noche?
Me gustaría mucho
Ya pero hemos venido a otra cosa
Sí pero es que…Eh, mira cariño… no hay coca.
¿Cómo?
Era una mentira, sólo quería estar aquí contigo y decirte que te quiero mucho, me gustaría darte un abrazo.
¿Cómo?
Me gustaría darte un abrazo
¿Cómo? ¿Qué no tienes coca?
No
¿y para qué coño me dices que tienes coca si no tienes? Joooder jooooooder
Lo siento, sólo quería darte un abrazo…
Un abrazo dice…
Si un abrazo, te quiero….
Dios mío qué payaso. Otro igual. Para qué me dices que tienes coca si NOOOOOO tienes
Lo estábamos pasando bien.
Que te jodan guarro salido. Me voy
No te vayas. Lo siento.
Lo siento dice el guarro. Aparta.
Adiós juanita, te echaré de menos
Adiós señor MELZIMER…
Dios santo, señor Melzimer, lo dijo bien, por fin, y lo dijo de aquella manera tan segura que pasó Sí SÏ sí pasó, lo juro, empecé a elevarme, mi cuerpo estaba flotando, era hermoso, era muy hermoso, una sensación maravillosa, mi cuerpo no pesaba, era hermoso, gracias, muchas gracias, estaba VOLANDO en el aire como un globo de helio olvidado por un niño dándome suaves golpecitos contra el techo del aseo…
_ Mira tío, es muy fácil. Estás en el bar, hablando con una chica. Le cuentas algo lo que sea y sabes que a casi todo el mundo le va el rollo, ¿no?. Pues se lo dices: oye, mira, aquí tengo un poco de coca, ¿vamos al aseo? Ella te dice que sí, y ya la tienes. Entras al aseo con ella. Te quedas mirándola. Mira cariño, era mentira, no tengo coca, sólo quería quedarme contigo a solas para decirte que te quiero. Y la besas. Y ella se deja, se dejan siempre, no pueden decirte que no ¿entiendes?
Entonces estaba yo en el bar El Loco pasando la tarde. El bar estaba casi vacío y la tarde también estaba casi vacía. La música suena ahí como si estuvieran destripando una furgoneta, imposible dejarse llevar por ninguna melodía. Tienes que soñar con otras cosas, concentrarte en algo y cerca había una chica, también sola, bebiéndose una fanta o algo así y estaba jugando a pellizcar una servilleta. Me acordé del truco de la coca que me había contado mi amigo.
Hola, ¿quieres tomarte otra fanta? Te invito.
Vale, pero con Vozka.
A veces es aburrido estar solo, ¿verdad?
Sí. ¿tú esperas a alguien?
No. Estoy pasando la tarde.
Era morena, un poco gorda, de suaves ojos marrones y parecía aburrida y poco relajada. Nos quedamos callados, incómodos. Tenía que decir algo o largarme:
Pareces cansada por algo, vamos a celebrarlo. Dos chupitos de tequila, Andrés. Sabes, una vez leí un cuento de Bukowski. Se llama Melzimer o algo así. Es un nombre mágico que sirve para volar. Un viejo en un bar le enseña a volar diciendo ese nombre mágico, Melzimer, y así es como pasa: cuando la policía los va a detener el viejo y él pronuncian Melzimer y salen volando, FIUUU. Si quieres lo intentamos y subimos a la torre de la Iglesia de Santiago. Allí el cura tiene un sofá rojo, no sé para qué lo utilizará, pero lo podemos subir al balcón de la torre y sentarnos a ver los tejados y el cielo.
El Vozka y el tequila le estaban entrando bien, algo se desataba en ella, estaba más relajada y los ojos le brillaban con un poco de alegría. Pero aún seguía jugando al tú habla-que-habla y después ya veremos.
¿Qué, lo intentamos o no? Allí arriba se está mucho mejor que aquí. Y además podemos llevarnos la bebida. Mira, voy a pedir algo de repuesto. Otra cerveza y otro Vozka, en vaso de plástico que nos lo llevamos.
Bueno, vale. Vamos a intentarlo.
Primero dime cómo te llamas.
Juana. ¿Y tú?
Yo, Juan.
Je, je. Qué casualidad.
Bueno, vamos allá. Creo que tienes que concentrarte, pensar en algo malo, algo malo que te haya pasado para poder liberarte de eso al volar. Luego dices: melzimer, melzimer, hasta que te eleves.
Ya lo tengo. ¿pueden ser más una cosa?
Mejor una, pero no pasará nada.
Vale, me quedo con dos.
Bien, vamos allá.
Mi reina me dio la mano, una mano pequeña y cálida. Nos quedamos en silencio un buen rato, mirando nuestras bebidas, yo sentía su corazón palpitar entre el humo del bar como un pájaro nervioso. Entonces oí su voz temblorosa:
Meelzimer…
MELZIMER, dije yo también.
Meleeeeezimer
MELZIMER
Meelzimér
CIERRA LOS OJOS, TESORO
Melezimer
MELZIMER
Melelzimer
VAMOS A DESPEGAR CARIÑO. TRES
Dos
UNO, ALLÁ VAMOS
Juan, ¿estamos volando ya?
CREO QUE NO.
¿seguro?
MELZIMER
melimer.
MELZIMER.
Esto no se mueve
NO, ALGO FALLA. MELZIMER.
Melzimé, melzimé melzimé…
ANDRÉS, OTROS DOS CHUPITOS
Brindamos por la luna. Estabamos atrapados bajo la gran luna pero sus ojos brillaban alegremente y nos queríamos, nos amábamos y eso nos salvaba un poco de todas las tristezas.
Bueno, ahora que estamos aquí y nos podemos ir mucho más lejos, por qué no me cuentas algo? Yo me he cansado de decir tonterías.
¿Algo lo que sea?
Lo que sea.
Mi marido es un hijo puta.
¿Cómo? (el brillo se había esfumado y en el fondo de su pupila centelleaba el filo de una navaja)
Es un hijoputa
Ya, bueno.
Se está tirando a mi hermana. Mi hermana es otra hija de puta.
Joder.
Y tengo dos hijos. Uno de cuatro y otro de ocho.
MELZIMER.
¿Qué?
Nada sigue
Los muy cabrones llevan así un año. Y nos íbamos a cenar todos juntos como si nada…
Era demasiado. Miles de cosas empezaron a flotar delante de sus ojos, cosas penosas y dolorosas y contradictorias, demasiadas cosas para sus ojos marrones. Vi cómo su mente se tambaleaba, el alcohol la había subido y ahora la bajaba a toda leche y yo no podía hacer nada. Se le torció la boca, empezó a reirse como una loca.
Oh oh oh, no es nada estoy bien, estoy muy bien, me encuentro mucho mejor sabes? Mucho mejor todo está bien, eres muy guapo, me ha gustado mucho viajar contigo, oh oh, está bien, ahora te invito yo, lo mismo lo mismo, por favor, jijijijijjijijijijiji.
Me contó que tenía un perro cuando era pequeña. Un pastor alemán muy viejo que se dejaba montar como un caballo. Ella lo trataba como un caballo y se iba por el salón de su casa imaginando que el salón era el desierto de las películas. Ella era el vaquero, el llanero solitario y su padre un indio borracho y malo al que tenía que matar o algo así. Le tiraba flechas de goma y el indio se las quitaba de encima como si fueran moscas. Era un indio invencible, un dios.
¿ y el caballo? (mi reina estaba recuperando de nuevo el equilibrio, la mirada en su sitio rodeada de cosas reales, la sonrisa tranquila)
Oh, el caballo murió o algo así. Quiero decir, el indio lo raptó y se lo llevó a su campamento.
Ajá.
Nunca lo descubrí. Nunca supe donde lo tenía escondido. Ahora debe de haber muerto… jijijijijijijiijiijiiji Pero cómo es tan hijoputa de follarse a mi hermana.!!!!!!!!!!!! Oh estoy bien, estoy bien, de verdad, eres muy guapo.
Otra vez volvían los monstruos a desfigurar su cara.
Mira cariño, yo también me lo estoy pasando bien. Trata de centrarte en esto, estamos aquí y no nos conocemos, mira los árboles y todo eso.
No hay árboles
Bueno es una forma de hablar
Dos niños sabes, pero estoy bien, de verdad, bien bien bien, ya está, ya está…
¿Quieres bailar conmigo?
¿ya no volamos?
Vamos a bailar.
Nos pusimos a bailar. Los dos lo hacíamos bastante mal pero era casi más divertido que hacerlo bastante bien. Íbamos de un lado a otro, tropezándos, abrazándonos. Se reía…
Sabes, Juana? Tengo aquí un poco de coca que me sobró de una fiesta… no sé, si te apetece…
Paro de bailar. El diablo iluminó sus ojos
¿Tienes coca? Oh, bueno, claro, joder, claro, esto me hará olvidar todo…
Ahora estaba mucho más contenta….estaba histérica, parecía que había llegado el hombre de los helados al desierto y empecé a sentirme culpable mientras me dirigía al aseo porque su alegría histérica y la manera de subirse los mocos me decían que no había nada en el mundo que le hiciera más ilusión…
Oh, Juan, vamos al de las chicas, está más limpio y es más grande, además tiene una cosa que sirve de bandeja.
Vale.
Entramos. Enciendo la luz. El aire llevaba ahí varios días encerrados y aún olía a lejía. Me quedo mirándola, en silencio. Me escocían los ojos.
¿Bueno qué?
Sigo mirándola.
¿vas a mirarme toda la noche?
Me gustaría mucho
Ya pero hemos venido a otra cosa
Sí pero es que…Eh, mira cariño… no hay coca.
¿Cómo?
Era una mentira, sólo quería estar aquí contigo y decirte que te quiero mucho, me gustaría darte un abrazo.
¿Cómo?
Me gustaría darte un abrazo
¿Cómo? ¿Qué no tienes coca?
No
¿y para qué coño me dices que tienes coca si no tienes? Joooder jooooooder
Lo siento, sólo quería darte un abrazo…
Un abrazo dice…
Si un abrazo, te quiero….
Dios mío qué payaso. Otro igual. Para qué me dices que tienes coca si NOOOOOO tienes
Lo estábamos pasando bien.
Que te jodan guarro salido. Me voy
No te vayas. Lo siento.
Lo siento dice el guarro. Aparta.
Adiós juanita, te echaré de menos
Adiós señor MELZIMER…
Dios santo, señor Melzimer, lo dijo bien, por fin, y lo dijo de aquella manera tan segura que pasó Sí SÏ sí pasó, lo juro, empecé a elevarme, mi cuerpo estaba flotando, era hermoso, era muy hermoso, una sensación maravillosa, mi cuerpo no pesaba, era hermoso, gracias, muchas gracias, estaba VOLANDO en el aire como un globo de helio olvidado por un niño dándome suaves golpecitos contra el techo del aseo…

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